La muerte y la tortura no es arte ni cultura

Me gusta esta frase en su interpretación más pragmática, quiero decir ¿la muerte y la tortura no se puede plasmar en un cuadro de forma tal que logra erizar los pelos de la piel? por supuesto que sí, pero ahora, si algún sádico quisiera interpretar dicho cuadro en la realidad ¿podríamos considerarlo una obra de arte o manifestación cultural?

Una de las personas que más admiro es sin duda Mario Vargas Llosa, no sólo por los premios logrados (incluido el Nobel de Literatura) también porque es una persona apasionada y defiende siempre sus ideas, lucha por lo que cree y eso en cualquier persona es admirable.

Hace dos meses aproximadamente, Mario Vargas Llosa, junto a otros distinguidos artistas e intelectuales, suscribieron un manifiesto a favor de las corridas de toros, un tema que sucita controversia y que irónicamente defiende argumentando que “operan como mecanismos integradores y de cohesión social y cultural”.

En otro punto se afirma que “las corridas de toros son un espectáculo de masas que no generan manifestaciones violentas, ni actos vandálicos, agresivos o de fuerza dentro o fuera de las plazas de toros”. Entendemos que no consideran manifestaciones violentas el hecho de torturar a un animal hasta la muerte, con el único ánimo de entretener a las masas.

Concluyen que las corridas de toros “fomentan más bien, valores y capacidades humanas como la valentía, el heroísmo, la superación ante las adversidades, entre muchas otras”. Creo que se podría afirmar lo mismo de aquellos gladiadores que luchaban hasta la muerte con su adversario (sí, ellos sí se arriesgaban, no atontaban al adversario ni lo debilitaban antes de entrar al ruedo) pero ¿sería un argumento válido para decir que no se deberían prohibir? Dado que muchos taurinos sienten un fuerte pánico al ser comparados con otros animales (al parecer no asimilan que somos el producto de un largo proceso de evolución) lo pondría de otra manera ¿sería ese un buen argumento para poner dentro de un coliseo a un hombre provisto de un arma para torturar a un león? así, tanto niños, adultos y ancianos puedan disfrutar, mientras el animal ruge de dolor, aquella muestra de grandiosa valentía.

Termina con un discurso que apela al liberalismo más puro, uno que fácilmente lo podría decir cualquier miembro del NAMBLA y compadece aquellos que no tenemos la SENSIBILIDAD (sí, utiliza esa palabra) para disfrutar de aquella fiesta brava.

Ahora, Mario Vargas Llosa afirma que en la tauromaquia los animales son tratados con inmenso amor desde que nacen hasta que salen al ruedo, lo que me parece más cruel todavía.

Una de las réplicas más utilizadas por los taurinos es la siguiente: “Si sientes tanta pena por el toro, entonces no deberías comer pollo ni pescado”. No me gusta recurrir al sentimentalismo, pero creo que existe un pequeña diferencia entre matar a un animal por sentido de supervivencia (en cuyo caso se busca la forma más efectiva de matarlo rápido) y el matarlo lentamente, disfrutando de la agonía, con el único fin de entretener aquella masa con la “sensibilidad” suficiente para sí disfrutarlo.

Mario Vargas Llosa aún mantiene mi gran admiración y sin duda son inaceptables los insultos personales, me parecen una bajeza y un mecanismo mediocre. Si crees que una persona está equivocada, refuta sus argumentos y no descalifiques sus opiniones sólo porque no te agrada.

Es casi inevitable que la tauromaquia tenga fecha de caducidad, la tendencia lo demuestra y son cada vez menos los jóvenes aficionados a la llamada “fiesta brava”, tarde o temprano sucederá y es probable que después de muchos años, las personas comentarán sobre las corridas de toros como ahora lo hacemos cuando hablamos de los gladiadores, “¿tan salvajes eran?” se preguntarán nuestros descendientes.

Al final creo que el refugiarse en las costumbres y tener cierta aversión al cambio resulta comprensible, pero los tiempos cambian y debemos aprender adaptarnos y a tener la capacidad de transformar nuestro entorno. Así, no terminaremos odiando por ejemplo, a las nuevas tecnologías, esas que en este momento, me permiten expresarme libremente.

2 pensamientos en “La muerte y la tortura no es arte ni cultura

  1. También estoy convencido de la necesidad de mantener un equilibrio en nuestras previsibles emociones en un tema tan controversial como es la corrida de toros. Descalificar con injurias o sátiras descalifica más bien a quien las utiliza, volviéndose un diálogo de sordos.
    Procuro no dejarme influenciar, cuando valoro la opinión de un personaje, por los honores que ha conquistado; sobre todo si es sobre un tema que atañe a conceptos éticos y morales, e involucra a la sociedad en su conjunto sobre costumbres o hábitos de un respetable pero pequeño proporcionalmente, círculo de aficionados.
    Yo también admiro la obra literaria del señor Mario Vargas Llosa y, me siento orgulloso que nuestro Perú tenga hijos capaces de descollar mundialmente en las disciplinas y artes que elijan como profesión, reconozco el mérito y agradezco como peruano, el esfuerzo y método que tuvo en cultivarse en las letras, porque su éxito personal ha sido como corresponde, el éxito de la patria que lo vio nacer y que todo buen ciudadano reconoce y agradece al insigne escritor. Más, me he cuidado de no exaltar a la persona, sino sus obras y su contribución como peruano a la literatura universal; porque aparte de los conocimientos y energía que despliega en las actividades de su especialidad y trabajo, tiene también su vida personal, su día a día, sus emociones, sus traumas, sus expectativas, sus frustraciones, sus fantasmas y también sus éxitos como cualquier ciudadano; en esta realidad, un gran escritor expone sus opiniones precedido del mérito ganado por sus obras, pero no las impone, no puede, no debe; sus galardones como escritor, no son una especie de hechizo que nos puedan crear la ilusión que sus opciones, fuera del contexto literario, son las correctas o el modelo a seguir, el talento no libera al humano de la pasión ni tampoco lo obliga a reprimirla, yo lo considero así y no me decepciona que el Premio Nobel muestre su lado humano me guste o no, porque yo tengo el mismo derecho que él o cualquier otro respetable ciudadano a opinar.
    Las corridas de toros son parte de los eventos con que se celebran las fiestas patronales en muchos pueblos del interior; también los encuentros futbolísticos entre equipos locales y los equipos invitados de las comunidades aledañas, son confrontaciones esperadas y se convierten en una verdadera fiesta de habilidad y fortaleza física que nunca faltan ni en los pueblitos más remotos. Las corridas de toros que se realizan mal y bien en esas celebraciones, es una afición que no puede preciarse en el interior de nuestro país, de contar con plazas de toros salvo contadas excepciones, ni con juventud interesada a dedicarse al toreo, son experiencias de temporada, ya que tienen que contratar toreros, armar una improvisada plaza que pueda proteger al pueblo de los astados y evitar que gente en estado de ebriedad ingrese a la plaza a tentar suerte y termine en desgracia; no ofrecen estas corridas, salvo el espectáculo del momento, ninguna contribución en especial a esa integración y cohesión social y cultural que se menciona, éstas, son fruto del sentir de los hijos de un pueblo del interior, que se reencuentran con sus hermanos que viajan de muy lejos para compartir sus costumbres religiosas y demostrarse unos a otros, que la lejanía de sus pueblos de la privilegiada capital, no es óbice para que se confundan en un abrazo ya sea en la santa tierra o en algún local alquilado o de su propiedad aquí en Lima; una corrida de toros, una carrera de cintas a caballo, una competencia de atletismo, un partido de futbol, vistosos danzantes y fervorosas procesiones son parte de la memoria de estas celebraciones, son ingredientes como las bombardas, para realzar el día de fiesta, pero su esencia va más allá de estas costumbres, muchas de ellas adoptadas en esclavitud o impuestas por el conquistador. Claro que pueden decir los interesados, que la corrida es infaltable en las fiestas patronales, pero créanme, sino hay corrida igual se celebraría con entusiasmo, más grave sería que faltase la banda de músicos y las bebidas espirituosas propias del lugar que amenicen la celebración.
    Ya en las ciudades, donde las corridas despiertan otras expectativas, como ingresos económicos, lucimientos de grupos, aficionados que comparten el deleite de llamar a su espectáculo “fiesta brava”, con terminología y acompañamiento musical que los envuelve en un manto andaluz, pienso, que es civilizado que pidan se respete su derecho a asistir a dichas corridas, porque son permitidas por lo menos por ahora, pero no pidan se respete su libertad de hacerlo, esto ya suena teatral, porque nadie va a despojar de la libertad a nadie, ya pasó la época virreinal. Pero de ahí a pedir inculcar a nuestros hijos la “cultura taurina”, un espectáculo que es cuestionado por crueldad con los animales, porque aparte de los trajes de luces, coloridas banderillas lacerantes, vistosos pases con sugestivos nombres, fuerza y brío de corceles que hasta no hace mucho terminaban destripados por los cuernos del engreído de la “fiesta cultural”, toda la función termina en muerte, como un escape natural del toro al sufrimiento, ante el “arte” que le han infligido unos hombres que ganan bastante dinero, que les pagan otros, que han gastado por disfrutar la masacre, cuando no de la bestia, de repente la del torero, como una suerte de absurda ruleta rusa, con el agravante que lo absurdo es colectivo y así nos piden que orillemos a nuestros hijos a esta irracionalidad. Si piensan que las corridas de toros no fomentan una cultura de violencia entre los jóvenes, solo puedo decir en su descargo, que también hay otros espectáculos que la fomentan, pero decir solo entre los jóvenes, es una consideración muy piadosa, ¿y en los niños?, o creen que el encuentro de estos pequeños, con una representación elogiada por sus padres, que transcurre entre heridas, sangre y muerte de un animal entre la algarabía de personas mayores, ¿no confunde su elemental sentido de piedad, que además le inculcan por razones civilizadas sus padres, su religión si la tienen, o su educación en el colegio y a través de la mayoría de espacios de cultura?.
    Nos dicen “que no generan actos vandálicos, manifestaciones violentas o de fuerza dentro ni fuera de la plaza de toros”; bueno, fuera, es normal que se actúe civilizadamente, pero parece ser una hazaña por los antecedentes del futbol, ahora dentro es otro cantar, las escenas de violencia se dan en el ruedo aunque lo quieran disfrazar de arte. Otro argumento a favor, es el de ser “una tradición profundamente arraigada en el Perú criollo, mestizo y andino”; si pues, viene de varias generaciones atrás, este es otro legado de la colonización española, pero no es inalterable, su permanencia no es cuestión de antigüedad sino de mostrar en el tiempo su aporte valioso en consonancia con los cambios sociales, con el modelo de respeto a la vida humana y a la vida digna de los animales, por ser estos un medio de supervivencia para nosotros y que merecen nuestra consideración de seres inteligentes. Y esta tradición que es el engendro de los humanos, también está en sus manos solucionar, pueden ser quinientos años de herencia, pero esa crueldad absurda con un animal, es una realidad humana que desestabiliza todo criterio lógico y, el estado, así como tiene el deber de promover y difundir el arte y la cultura, también tiene el deber de corregir u eliminar estas tradiciones que festejan la brutalidad de la tortura a los animales y la obligación de despintar esa fiesta, del mito de que “fomentan valores y capacidades humanas como la valentía, el heroísmo, la superación ante las adversidades y muchos otros”, que no es sino recurrir a la sensiblería como recurso, así como decir que “estos toros de lidia son tratados con inmenso amor desde que nacen hasta que salen al ruedo”, cuando los animales no necesitan que los traten en forma especial, sino que los dejen ser animales que viven su vida como tal, en la simpleza de ser útil para el hombre en sus faenas o sacrificados en su momento para su alimentación o lo que se juzgue conveniente para preservar estos toros bravos, más no aprovecharse de ellos, para convertirlos en espectáculos de sangre, matándolos lentamente en nombre de un arte, que llaman “fiesta brava” y que, dicen entender, “que no disfrutamos porque nuestra sensibilidad no nos permite apreciarla”; pues les diré al señor escritor y los demás intelectuales, que por el contrario, nuestra sensibilidad nos permite discernir, entre el arte como un componente de la cultura que transmite valores aún en épocas distintas, del mero oficio de ganarse el dinero como se hace hoy y buscando aristocrático solaz como se hacía ayer, a costa de infringir leyes naturales de piedad con un animal que es bravo por su naturaleza, su irracionalidad y no por calculada satisfacción.
    Así como afirman “que no aceptan la intolerancia de los que propugnan la prohibición y rechazan todo intento de abolir el arte de sus amores y, que dicha tradición evoluciona por si sola y perdurará mientras los pueblos sigan apreciando su contenido y su estética”; bueno, den ejemplo de tolerancia, acepten los buenos motivos que alientan nuestra perspectiva de cambiar para mejor, sustentado en el sólido argumento de dejar de matar y torturar animales en beneficio de un mundo más racional, cuyo enemigo mayor es la violencia y, dejar que las autoridades competentes investiguen si los pueblos de jóvenes sedientos de cambios y justicia, siguen apreciando el “contenido” de sadismo y la “estética” de la muerte con tortura, para ver si cambiamos de una vez el rumbo con dirección a la paz y la cordura o seguimos evolucionando rumbo a la pasión y la irracionalidad.

    Un saludo.

    • Este es uno de los comentarios en los que más concuerdo contigo. Efectivamente, aunque en la última parte podríamos hablar de una involución de la cordura y la racionalidad. Gracias por comentar, sigues invitado a seguir haciéndolo, es un grato placer leerte,
      Un saludo.

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