Minutos de locura

Solo quería una aventura, llenarme de batallas, desafíos, tormentas y requiebros. Emular al Cid Ruy Díaz que era buen caballero, pero no tenía nada que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, él era capaz de partir a gigantes sin mucho esfuerzo.

Quiero ser sincero al afirmar que no estabas en mis planes, no sé como sucedió que te cruzaste en mi camino, aunque tu inmensurable hermosura me conmovió, pensé que serías una de las tantas doncellas que en mi trayecto colmado  de aventuras tenía que rescatar.

No puedo olvidar tu voz, tu aroma, tu mirada penetrante, tu risa contagiante cada vez que intentaba sorprenderte con una de mis tantas aventuras, cuando te prometía el hermoso castillo en el que viviríamos juntos. Recuerdo recordarte y sonreír al hacerlo, fue la primera vez que en realidad sentí miedo,  que experimentaba tantas sensaciones juntas.

Sabía que lo nuestro era prohibido, que el oráculo del destino nos lo había advertido: “si juntos están, miles de maldiciones sobre ustedes caerán, muchos peligros enfrentarán”.

En mi debilidad, el solo recordarte, hacía mis fuerzas recobrar, pero ahí también descubrí que eras mi mayor debilidad. No quería ponerte en riesgo, decidí alejarme porque lo nuestro no debía ser, elegí resignarme a no probar del dulce néctar de tus labios otra vez, esos que me hacen temblar.

Siento que debería luchar, que sin importar las maldiciones o peligros, vencer todos los obstáculos, te protegería y no dejaría que nada malo te pasara. No sé que será de nosotros, quizás ya llegó a su fin ese pudo ser que nunca fue, quisiera decirte muchas cosas más, pero no tengo mucho tiempo, tengo gigantes y hechiceros que aniquilar.

Hasta una nueva oportunidad.

2 pensamientos en “Minutos de locura

  1. Uno de los sentimientos que nos motiva, nos alienta y decide a luchar contra lo imposible, es el amor que sentimos y prodigamos a una mujer; sin embargo, la atracción por cualidades inteligentes o sensuales, o por el deseo carnal simple y urgente o circunstancias casuales o furtivas, como la ilusión por una mujer lejos del terruño o el gusto por la fruta prohibida, entre otras liviandades de los sentidos, es un embeleso pasajero que se hace costumbre si cristaliza, pero no resiste una prueba de largo aliento y se abandona la plaza y se pone sitio a una nueva conquista; pero la atracción que nos genera la mujer amada escapa al raciocinio, no hallamos una causa precisa para tal desborde, toda ella es la razón y el destino su padrino; así que no aceptamos negativas, ni permitimos competencia, nos crecemos ante el peligro y somos, ora corderos con ellas, ora leones por ellas. Pero a la mujer amada, le rendimos además otros tributos, la tenemos sobre un pedestal pero no la hemos puesto ahí, es el lugar que le corresponde; no hay defectos de carácter sino graciosas muestras de una reina; no es impuntual en las citas sino que es su derecho probar nuestra paciencia; tiene un caprichito y para nosotros es una orden y un dulce deber que complacer; se resiste a nuestro embate porque no es como las otras y vale la pena, esperar; en fin, solícitos y afiebrados, respiramos de su aliento, bebemos de sus ocurrencias, su sonrisa es un regalo, su risa nuestra obligación y la frase “te amo” de sus codiciados labios, es todo lo que necesitamos para comprender, que el mundo es nuestro, a su lado; así soñamos despiertos, amándolas hasta el cansancio y dormidos, las seguimos soñando.
    Pero es también, esta poderosa fuerza del corazón que quiere escapar del gobierno de la razón, la que finalmente nos remite a ella, para pedirle una opinión imparcial, pensada y, como quiera que no aceptamos críticas, ni conjeturas negativas de nadie, menos de nuestro cerebro, le aceptamos más bien, que nos susurre débilmente como empezar a preocuparnos para ser dignos de amarla, es decir, nos pregunta más bien nuestro raciocinio, si así como nos sentimos con derecho a enamorarla, ¿tenemos las agallas suficientes para sacrificarnos por ella?. Es este el punto de quiebre para el hombre, cuando contrasta la urgencia de fundirse en amor con su amada, con la perspectiva de un largo camino que recorrer juntos. La vida nos enfrenta a muchos retos de distinta índole, pero creo yo, que el objetivo de ser felices, indiscutiblemente va ligado a acertar en la elección de la persona amada y convierte este noble sentimiento como es el de amar hasta el dolor, en uno de los retos más complicados de cristalizar con éxito, porque vemos lo que queremos ver y no mostramos lo que deben ver, así el compromiso se inaugura un día de fiesta, más su efecto es retardado, es decir se consolida con el tiempo, después de pasar diversas pruebas y realmente podemos decir ¡lo logré! cuando pintamos canas y quién sabe, después de haber sufrido algún cambio en el equipo; entonces repito, el punto de quiebre, es cuando los hombres nos enfrentamos íntimamente, con nuestra conciencia por testigo y nos sinceramos: que tanto estamos dispuestos a sacrificar por ella.
    Como al “Andante Caballero”, nos turba el destino que misteriosamente nos encontró en un recodo inesperado de la vida, con el ser que pareciera nos ha faltado siempre para ser felices, así, despiertos hilvanamos sueños con la dicha que nuestro amor conquistará para ella; pero descubrimos, que el futuro más que el presente, ilumina con fulgor intenso sus amados ojos, que el presente, solo es el vehículo para llegar a ese mañana que solo las mujeres saben vislumbrar valioso desde muy jóvenes; tan valioso como caro porque tienen que encontrar al príncipe de sus sueños entre los simples mortales de la realidad, entonces, si realmente amamos, nos sorprendemos de entenderlas, que el amor exige desprendimiento, que no es poesía sino somos capaces de ofrendarle nuestra despreocupada juventud y resucitar de sus cenizas un hombre capaz de renunciar a los excesos y moderar el paso para encaminarlo en el rumbo correcto, el único que la protege, que la enorgullece, que la hace feliz de ser mujer: “El haber inspirado a su hombre, el valor suficiente para enfrentar la dura batalla que significa ser un amante esposo y un amoroso padre que derrota las penas con su alegría, que desarma las desgracias con su temple y lleva energía y confianza a esa familia que un día muy lejano ya, fundó con sueños poesía y canciones, pero también con sincero y desprendido amor”.

    Un saludo.

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