Minutos de locura

Solo quería una aventura, llenarme de batallas, desafíos, tormentas y requiebros. Emular al Cid Ruy Díaz que era buen caballero, pero no tenía nada que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, él era capaz de partir a gigantes sin mucho esfuerzo.

Quiero ser sincero al afirmar que no estabas en mis planes, no sé como sucedió que te cruzaste en mi camino, aunque tu inmensurable hermosura me conmovió, pensé que serías una de las tantas doncellas que en mi trayecto colmado  de aventuras tenía que rescatar.

No puedo olvidar tu voz, tu aroma, tu mirada penetrante, tu risa contagiante cada vez que intentaba sorprenderte con una de mis tantas aventuras, cuando te prometía el hermoso castillo en el que viviríamos juntos. Recuerdo recordarte y sonreír al hacerlo, fue la primera vez que en realidad sentí miedo,  que experimentaba tantas sensaciones juntas.

Sabía que lo nuestro era prohibido, que el oráculo del destino nos lo había advertido: “si juntos están, miles de maldiciones sobre ustedes caerán, muchos peligros enfrentarán”.

En mi debilidad, el solo recordarte, hacía mis fuerzas recobrar, pero ahí también descubrí que eras mi mayor debilidad. No quería ponerte en riesgo, decidí alejarme porque lo nuestro no debía ser, elegí resignarme a no probar del dulce néctar de tus labios otra vez, esos que me hacen temblar.

Siento que debería luchar, que sin importar las maldiciones o peligros, vencer todos los obstáculos, te protegería y no dejaría que nada malo te pasara. No sé que será de nosotros, quizás ya llegó a su fin ese pudo ser que nunca fue, quisiera decirte muchas cosas más, pero no tengo mucho tiempo, tengo gigantes y hechiceros que aniquilar.

Hasta una nueva oportunidad.