El consejo

-Tengo 22 años, ella debe entender que tengo necesidades- se lamentaba Raúl ante su amigo Alonso.

-Eso te pasa por cojudo compadre ¿cómo te vas a meter con una evangélica?

-¡la amo! Camila es lo mejor que me ha pasado, ella es la única que me entiende.

Habían pasado ya ocho meses desde que Raúl, luego de tantos intentos, se convirtió en su enamorado. No le importaba que usara faldones en verano ni que se rehusara dejarse tocar los senos después de ocho meses de relación, tampoco que lo obligue a rezar siempre antes de besarse, Raúl estaba enamorado, sentía que Camila era la única que lo entendía, ella lo escuchaba y lo consolaba con algunos evangelios.

Pero con el pasar del tiempo las testosteronas se le alborotaban de manera inusitada y hasta la señora Marita, la sexagenaria de la bodega, ya le parecía algo atractiva. Su situación le parecía agobiante y no sabía que hacer, de una cosa estaba seguro, no la iba a engañar, no podría hacerle eso a ella que tan bien se había portado con él. Así que ahora estaba en ese estado de desesperación, con su amigo Alonso, buscando alguna ayuda.

-Solo te queda masturbarte compadre- consolaba socarronamente Alonso.

-Ya no es suficiente… ¡mírame! estoy sudando… creo que le voy a pedir matrimonio… no tengo otra salida.

-¡Reacciona idiota!- le dijo Alonso mientras le tiraba un lapo en la cabeza- escúchame, prueba con el cyber-sexo, por lo menos inténtalo- agregó.

-¿Cómo es esa cosa?

-Sencillo, solo tienes que pagar con tu tarjeta y una mujer te bailará desnuda mientras te dice todo lo que quieras escuchar…

-¿ya lo has intentando? ¿cómo sabes de esto?

-No nada que ver… lo escuché por ahí… ahora déjate de decir estupideces e intenta eso, que si te escucho decir la palabra matrimonio otra vez te muelo a patadas y lo haré porque soy tu amigo y te quiero.

Raúl fue corriendo a su casa, prendió la computadora y buscó los sitios que ofrecían esos servicios. Pagó para que una argentina sea la que le haga el baile, se llamaba Michelle y tenía buenas recomendaciones en los comentarios de la página.

A los dos minutos Raúl yacía muerto, al parecer la abstinencia y su excitación exorbitante le pasaron factura al ver desnudarse a su argentina enmascarada quien ajena a la desgracia de su cyber-cliente seguía bailando hasta que finalice su hora, al minuto ya se había quitado la mascara y en los minutos siguientes se desprendía lentamente de sus demás prendas.

Al finalizar la sesión la bailarina peruana que se hacía pasar por argentina ignoraba del cruel destino de su cliente, solo se preocupaba por el dinero que ganaría, pero Michelle, que en realidad se llamaba Camila, horas más tarde recibiría una trágica noticia, su enamorado Raúl había fallecido, al parecer mientras se masturbaba en la computadora.

Acompáñame en Twitter: @geanmiranda

Deja un comentario (no es necesario tener cuenta y tu correo electrónico no se publicará)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s